AnderGraund


sábado, abril 19, 2003  

Uno mas

El cantinero tan imponente con su bigote y su pequeño chaleco de piel negro, la doña gorda que no para de tocar mi trasero y los faggets marines que nos invitan ronda tras ronda. El tipo que mancha el suelo y la camisa de su compañero, el chingón del bar, aquel tipo que tiene ya cerca de veinte y cinco años asistiendo fielmente a esa cantina de malamuerte. La banda que toca “Árboles de la barranca”, el pinche mariachi loco que le chupa las tetas a la vieja de a lado, el honroso cuerpo de seguridad que deja entrar niños a divertirse, el baño hasta la madre de vomito y sangre, los cristales rotos, el escusado partido en dos, sin puertas, sin lavamanos. La generosa chica que ofrece chapármela por unos cuentos dólares, y luego, su mama que le dice “No hija, pide mas, no seas pendeja!”. Las miradas penetrantes del tipo del otro lado de la barra. El cabello despeinado, la cara limpia, la poca barba y los lentes negros. Afuera, un frío que cala, mogollón de jaipos con filera y mogollón de chicas más generosas que invitan a dormir con ellas “para no pasar frío”. El coche en doble carril, la mente en sentido contrario y a 100, los ojos desorbitados, los pasos firmes en un ambiente too cool. La noche termina cuando empieza a salir el sol de madrugada, lo que nos indica que es ya hora de dormir, hora de al fin llegar a casa, la hora de recordar las noches de batallas, las penas y las glorias. La hora de ver quien sigue en el camino, quien se quedo, y quienes no han iniciado el viaje.

Escrito por el saurosd como a eso de las... 6:04 p. m.
sábado, abril 19, 2003
Uno mas

El cantinero tan imponente con su bigote y su pequeño chaleco de piel negro, la doña gorda que no para de tocar mi trasero y los faggets marines que nos invitan ronda tras ronda. El tipo que mancha el suelo y la camisa de su compañero, el chingón del bar, aquel tipo que tiene ya cerca de veinte y cinco años asistiendo fielmente a esa cantina de malamuerte. La banda que toca “Árboles de la barranca”, el pinche mariachi loco que le chupa las tetas a la vieja de a lado, el honroso cuerpo de seguridad que deja entrar niños a divertirse, el baño hasta la madre de vomito y sangre, los cristales rotos, el escusado partido en dos, sin puertas, sin lavamanos. La generosa chica que ofrece chapármela por unos cuentos dólares, y luego, su mama que le dice “No hija, pide mas, no seas pendeja!”. Las miradas penetrantes del tipo del otro lado de la barra. El cabello despeinado, la cara limpia, la poca barba y los lentes negros. Afuera, un frío que cala, mogollón de jaipos con filera y mogollón de chicas más generosas que invitan a dormir con ellas “para no pasar frío”. El coche en doble carril, la mente en sentido contrario y a 100, los ojos desorbitados, los pasos firmes en un ambiente too cool. La noche termina cuando empieza a salir el sol de madrugada, lo que nos indica que es ya hora de dormir, hora de al fin llegar a casa, la hora de recordar las noches de batallas, las penas y las glorias. La hora de ver quien sigue en el camino, quien se quedo, y quienes no han iniciado el viaje.

saurosd 6:04 p. m.

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[ Simplemente un desperdicio mas de palabras, en este vasto mundo bloguita ]

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location:somewere in Ense-nada, refujiado en la psicodelia y eternamente atrapado en la catarsis: su cuarto
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